Sin generalizar y para no ofender a nadie debo decir que en términos
generales al mexicano le gusta sufrir. Es más, al hombre macho, rudo,
gritón, borracho siempre le gusta andar diciendo cuánto ha sufrido en su
vida, cómo sufrió allá en México y cómo sufre ahora que vive fuera de su
país (pero que poco le falta para ser como México porque aquí encuentras
todo lo mexicano, desde Choco Roles hasta Chaparritas).
La mujer no se queda atrás, muchas se dedican a contar cuánto han
sufrido como mujeres, cómo han cargado con los problemas del marido, de
los hijos, de los padres, –sufro, sufro, sufro...– es la cantaleta más
común.
Por favor: paren de sufrir.
Esas culpas católicas atoradas en el medioevo ya no funcionan para hacer
sentir a los demás remordimiento por ser felices mientras los demás sufren.
Yo quiero ser feliz, déjenme ser feliz. Si quieren sufrir, o si quieren
aparentar que sufren, no se me acerquen. Yo no les voy a hacer caso, es
más, los voy a mandar a volar, y será bastante lejos y para el norte,
para que no caigan en blandito.